El altísimo volumen de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) que se producen a nivel mundial y la mala gestión de los mismos tras el final de su vida útil ponen en serio riesgo tanto nuestro medio ambiente como la salud pública. Es necesario revertir el modelo para reducir la cantidad de desechos de este tipo, ya que, según todas las previsiones, el sistema actual no es sostenible. Reciclar correctamente este tipo de residuos es un reto que debemos afrontar con urgencia de una manera más sostenible y eficiente.

Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos generados están experimentando un crecimiento vertiginoso, tres veces superior al ritmo del resto de residuos sólidos urbanos. De hecho, la cantidad de basura electrónica que se genera a día de hoy ya llega a los elevadísimos niveles de residuos de envases de plástico, con la diferencia de que los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos son mucho más peligrosos si no se tratan correctamente, debido a la concentración de diversos materiales y metales pesados en su interior, muchos de ellos cancerígenos.

Entre las sustancias más habituales contenidas en los RAEE se encuentran elementos como el cadmio, el plomo, el óxido de plomo, plata, cobre, antimonio, el níquel y el mercurio, entre otros.

La mala gestión de los RAEE conlleva la contaminación de ríos, lagos y mares, de aguas subterráneas y áreas verdes, además de emitir tóxicos a la atmósfera y producir desequilibrios en los ecosistemas.

Entonces, ¿por qué es importante reciclar? Sencillamente, porque es la única manera que tenemos de asegurar una correcta gestión de estos equipos y de garantizar que estas sustancias peligrosas queden perfectamente confinadas y no se viertan al medio ambiente. Además, de aseguramos un alto porcentaje de recuperación de materias primas que volverán a integrarse en el circuito productivo, evitando así su extracción de la naturaleza.